
Para ahuyentar a la oscuridad, basta recordar las nubes color pastel que adornan la aurora, o los brillantes destellos en la rapida silueta de un colibrí.
Para ahuyentar a la oscuridad, es suficiente tener en los labios los nombres de los seres que queremos, pues todos y cada uno de ellos son angeles encubiertos.
Para ahuyentar a la oscuridad, no se necesita mas que recordar el abrazo de un buen amigo, las travesuras de nuestra mascota, el dulce sabor de un trocito de caramelo, o hasta el sonido de la computadora avisandonos que tenemos un nuevo “e-mail”.
Para ahuyentar a la oscuridad, no se debe uno olvidar de llamar a la Luna para que nos deje un beso bien brillante sobre la almohada o en la frente, para que nos deje un rayito jugueton que se deslice por las paredes y acabe durmiendose en nuestra cama igual que un gatito ronroneandonos en los pies.
Porque para ahuyentar a la oscuridad, incluso basta un solo rayito de luna.